Redaccionline - Ramiro Llona: El diálogo con la pintura

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Ramiro Llona: El diálogo con la pintura PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Lisette Crespo   
Saturday, 08 de April de 2006

nombre del fotógrafoUno de los pintores vivos más representativos de la plástica peruana nos recibe en su casa-taller y nos habla de su trayectoria, sus influencias, su lenguaje y sus proyectos.

A media cuadra del malecón de Chorrillos, una colosal pared gris se extiende hacia el cielo, pero más impresionante es el inmenso portal de madera, sólo un poco más pequeño que la pared. Toco el intercomunicador y pregunto por Ramiro Llona, su voz amable me saluda y me invita a pasar. El gran portal se abre como si las gruesas cadenas de un castillo medieval se estuvieran enrollando.
En el trayecto hacia la puerta de la casa-taller se extiende una piscina -¿o es una fuente?-. Ramiro está parado tras la puerta abierta, sonriente, especulativo. Es alto, esbelto. Su cabello plateado se eleva, sus cejas puntiagudas que le otorgan un parecido al Mefistófeles de Goethe, también se elevan. Su rostro serio conserva un aspecto severo que se desvanece con la primera sonrisa. Los cuadros descansan apoyados en las altas paredes o sobre recios caballetes. Cinco lienzos en blanco son los más grandes del conjunto. Pinceles, óleos y olor a trementina.
Nos sentamos en una pequeña sala rodeada por los cds de Llona -una colección de cuatro mil discos-, y no sé cuántos dvds sobre una mesa llena de libros -la verdadera biblioteca está en el estudio del segundo piso-. Son la diez de la mañana y hago la primera pregunta.

-Estudió cuatro años en la Universidad Nacional de Ingeniería ¿Por qué decidió trasladarse a artes plásticas?
Porque la arquitectura nunca fue lo mío. Yo ingresé joven a la universidad, saliendo del colegio, a los 16 años. Era muy bueno en matemática y con todo este asunto de la sensibilidad… supongo que hice un test psicológico de vocación y salió que matemática más arte daba arquitectura. Pero durante todos los años que estudié en la UNI, realmente no encontré mi vocación, más bien fue un proceso de desencuentro. Entonces, en el momento en que me encuentro con la pintura, fue muy claro que me tenía que cambiar.

-¿Cómo fue ese encuentro con la pintura?
Fue un asunto de… tú sabes, cuando uno tiene 17, 18, 19 años está en plena crisis existencial adolescente. Fue un proceso, viéndolo a la distancia, muy interesante porque estás lleno de preguntas, en una búsqueda permanente. Había mucha gente que estaba en la misma situación que yo, muchas conversaciones, mucha lectura, mucha música. Recuerdo que una amiga me preguntó si quería aprender a dibujar en un taller libre, y fuimos al taller que dictaba Cristina Gálvez, y así se dio un encuentro realmente frontal con mi vocación: me pusieron un papel grande, una modelo, y empecé a trabajar, encontré todo lo que buscaba. Una cosa compleja de explicar, pero que en ese momento fue muy evidente para mí.

-Durante sus años universitarios ¿qué artistas peruanos le interesaban?
El primer pintor que recuerdo que me llamó la atención fue Ángel Chávez, el hermano mayor de Gerardo Chávez. Recuerdo que Petroperú sacaba una revista importante de arte y le habían dedicado un artículo a Ángel Chávez y en la carátula estaba uno de sus cuadros. Me encantó el uso del color, el empaste. De casualidad en ciencias sociales de la Católica estudiaba su hija y le comenté sobre lo que había visto y me lo presentó. Un tipo muy cálido, muy abierto. Luego uno empieza a ir a las galerías. Herskovish, que era un pintor americano radicado en Perú, me encantaba. Los últimos dos años de escuela tuve como maestro a Zsizslo, quien se convirtió en una persona importante para mí cuando empecé a trabajar.

-Y fuera del Perú ¿qué artistas influenciaron su obra o lo impresionaron?
Cuando terminé en la Católica en el año 1977, fui a hacer una maestría a Estados Unidos y entre idas y venidas he estado 24 años, del 77 al 2001. Entonces imagínate, en toda esa época he pasado por decenas de ese tipo de encuentros, de influencias, de conversaciones, de diálogos. Pero uno permanentemente está buscando un contacto, buscando la obra de alguien que le resulte familiar. Se dice que uno se apropia de lo que ya es suyo. Vas reconociendo cosas en el trabajo de otros pintores. Pero yo siempre vuelvo a tres personas: Matisse, Picasso y Cézanne. Cézanne es el gran maestro para mí.

-¿Qué admira de la pintura de Cézanne?
Ante todo su pasión, su dedicación total a la pintura. Era una persona que vivía para la pintura. Esa mística mesiánica de entrega. Era un ser humano que trataba, resolvía y enfrentaba sus problemas a través de la pintura.

-¿Es lo que usted busca en la pintura?
Yo creo que sí. Es un instrumento de autoexploración, de conocimiento. Es un buen medio para hacerse preguntas.

-¿Se ha contestado muchas preguntas?
No. Digamos que no hay respuestas sino reformulaciones. Hay momentos en los que sientes que ocurren cosas y sientes que te acomodas, pero al día siguiente hay que empezar todo de nuevo. No se trata de respuestas, sino de aprender a preguntarse las cosas cada vez de manera más profunda.

-¿A qué se enfrenta cuando enfrenta un lienzo en blanco?
Al espacio. Yo no empiezo con lo lienzos en blanco, les doy una imprimatura de color. Preparo la tela con cola de conejo y pigmento, entonces ésta ya tiene una información de color. Generalmente trabajo con colores cálidos, con marrón, con siena, y por la misma naturaleza de la técnica no queda una información precisa, entonces ya hay un temperamento, hay una atmósfera. Luego miro el espacio. No hago bocetos ni tengo ideas previas al trabajo, simplemente es un enfrentamiento. Por ejemplo, ahora he mandado a hacer unos bastidores inmensos de 3x3.25m y voy a preparar uno y lo voy a mirar y será el espacio el que me haga la demanda. Un día uno tiene la energía suficiente como para emprender una acción frente a eso. Yo trato de que esa acción sea lo menos conciente, que salga algo que hay metido. Toda la información de lo que es uno se va a aparecer de todas maneras, eso es imposible de evitar.

 -¿Viven dramas en sus cuadros?
Yo creo que sí. Yo soy partidario de eso, no sólo en la pintura, sino en el cine y en la literatura. Me interesa lo complejo, lo dramático, lo que trata con las preguntas más difíciles y duras de responder en el hombre. Lo que es ligero no me interesa dentro de la pintura. Por ejemplo el pop. Warhol es un artista que no me interesa. Me interesa más lo que tiene un fin. Como decía Picasso, es un poco torcerle el cuello a la realidad.

¿Cuáles son esos dramas?
Suficiente con decir el drama de la vida. Leí una declaración de Rulfo en la que decía que solamente hay tres temas: la vida, la muerte y el amor. Yo trabajo mucho con las relaciones humanas, lo que pasa con los hombres, con las mujeres y el tránsito por la vida, la crisis existencial.

-El gran formato de sus cuadros genera una sensación de envolvimiento para el espectador, como si  se estuviera dentro de una escenografía.
De repente es una pretensión de mi parte, no lo sé. Cuando yo voy al cine me siento siempre en la tercera fila, me gusta esa sensación de estar absolutamente inmerso en la experiencia estética que estoy viviendo. Siempre trabajé en formatos grandes, pero en los ochenta un gran formato era 1.50m. Ahora me he mandado hacer bastidores más grandes que la última vez. Antes trabajaba a la altura de 2.40m, ahora ya me subí a 3.25m. Creo que me pasa como a los escaladores de montañas, cada vez se busca una más alta. Mi lenguaje se explaya, sucede en los cuadros grandes. Hay una mitología del formato, por ejemplo, ves una pintura de Vermeer y en 20x20cm también está todo, pero a mí me anima la sensación de que puedo decir más, por un lado; y por otro, el formato grande se adecúa a mi gesto, me permite libertad. Me encanta tener que subir a una escalera para ver qué hay arriba, es una cosa un poco metafórica de querer alcanzar el cielo. También es una especie de desafío, tienes que buscar dentro de ti algo de esas dimensiones.

-¿Qué propuestas de artistas peruanos jóvenes le parecen interesantes?
Me encanta, por ejemplo, la propuesta de Alberto Borea, de Miguel Andrade, del escultor Víctor Castro, de Ismael Ramdalf. Yo miro mucho a la gente joven, la gente que todavía cree que todo es posible, que está muy informada, que es muy rebelde, muy marginal, que vienen con propuestas jóvenes, a mí me fascina. El problema de mencionar nombres es que no mencionas a todos, porque si no tendría que nombrar a 40 personas. Otros podrían ser Gian Carlo Scaglia de Corriente Alterna y Juan Diego Vergara de Bellas Artes. Hay un buen grupo que redefine la realidad de nuestra plástica.

-¿A qué obstáculos cree que se enfrenta un artista joven en el Perú?
El obstáculo económico es insoslayable. Además de que nuestro mercado es un mercado muy reducido, hay pocas alternativas, pocos espacios. No hay apoyo del Estado. Pero recogiendo mi experiencia americana, yo creo que son los mismos problemas. Allá hay más galerías, hay más museos, más apoyo de instituciones privadas, pero también hay 200 mil artistas. La competencia es mucho más fuerte. Yo siempre he creído que si uno trabaja mucho, tu trabajo va a hacer presión en el medio, va a entrar. Lo que pasa es que en la pintura de repente se juegan elementos que son más subjetivos, pero fracasar como ingeniero o como abogado debe ser espantoso también. Además, no hay una clase media sólida, en el país da la sensación de que la haces o fracasas, no hay términos medios. Básicamente, el problema es que las galerías se cierran, hay pocas alternativas. Ahora, el mayor obstáculo y la mayor posibilidad es uno mismo. Yo creo que para el tamaño que tenemos y para el tamaño de nuestra economía, es sorprendente el interés que hay. 

-¿Cuál es su próximo proyecto?
Mi siguiente exposición es en octubre del 2007. Es rico porque tengo un par de años para trabajar tranquilo y acaba de suceder lo que estás viendo: he decidido probar un formato más grande y vamos a ver qué pasa. Es lo más grande que he trabajado en tela. Voy a viajar a New York y espero regresar cargado, con todas las pilas para meterme a mi taller y una vez más ver de qué tamaño soy, metafórica y literalmente, porque al final es eso, tengo una gran curiosidad de ver hasta dónde puedo dar y luchar cuesta arriba. Pero el próximo proyecto es ese, exponer para tomarme la medida y tengo mucha ilusión. Creo que pintaré un gran tríptico y cuatro cuadros.

Ramiro Llona pinta con guantes. “Soy alérgico al óleo”, me dice. “Me enroncho inmediatamente y me comienza a quemar la piel. Ese es otro aspecto del heroísmo del pintor”. Llona extiende sus manos y me las enseña mientras me explica lo de la alergia. El hombre que le prepara los bastidores lo espera hace media hora. Tengo unos minutos para tomarle algunas fotos. “Claro”, dice Llona, “dónde las quieres”. Y presiono el obturador.

Modificado el ( Friday, 02 de June de 2006 )
 
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