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La antigua taberna El Cordano fue originalmente un bazar dedicado a la importación de licores, conservas, jamones, etc.
Una copa en El Cordano
La antigua taberna El Cordano fue originalmente un bazar dedicado a la importación de licores, conservas, jamones, etc. Las investigaciones realizadas por José Antonio Schiaffino y publicada en "El Manhattan y el martini", aportan esta revelación sobre este emblemático establecimiento de Lima. El añejo bar capitalino, que aún esconde el secreto de la tradición de los viejos limeños, mantiene el recuerdo de sus antiguos visitantes que degustaron aquellos deliciosos platillos, y entre sus comensales y clientes más habituales, se encuentran varios presidentes, políticos destacados y escritores de nota.
Ingresando por una gran puerta de roble de acabado rústico, las fotografías de reconocidos personajes de la historia del país dominan las paredes. Y una casi ancestral silla de madera ofrece descanso luego de un paseo por la Ciudad de los Reyes. Dos señoras, de aquellas que toman el té alzando el dedo meñique, ocupan una de las mesas y se confunden con dos empleados de una agencia bancaria, bien al terno, que almuerzan en otra mesa. Más allá, vestidos con ropa multicolor que se sugiere demasiado ligera para estos tiempos de frío y clima inestable, tres extranjeros acompañan un suculento lomo saltado con una segunda ronda de pisco sours.
De pronto llegan más forasteros y el bar se ilumina con la lluvia de flashes. Ametrallan el lugar con sus camaras fotográficas antes de pedir yucas fritas, papa a la huancaína, un buen sánguche de chicharrón o el plato del día. Un poco de historia En el año 1905 llegaron a Perú los hermanos italianos Fortunato y Andrés Cordano y decidieron poner el establecimiento ahí, en esa esquina vecina a Palacio de Gobierno. En aquel tiempo se conocía al lugar como “Saloon América” y luego el nombre fue cambiado. Después fue administrado por sus sobrinos Antonio y Luis Cordano.
Está situado, de manera estratégica, en una esquina con dos entradas en jirón Áncash 202, cerca de la “Estación de Desamparados” donde reposa el viejo ferrocarril limeño y la otra en Carabaya o la llamada calle de Pescadería desde 1597, al lado del Palacio de Gobierno.
En 1978 el bar iba a ser vendido pero se decidió dejarle el negocio a los trabajadores. Los diecinueve trabajadores llegaron al acuerdo que en lugar que les dieran los beneficios sociales por la venta, les permitan administrar el establecimiento y les abonen la diferencia en pagaré. “Si el Cordano vive y sobrevive es por el empeño de sus actuales propietarios, los mozos” revela Jacinto López Delgado, un empleado que conoce bien el bar al que le ha dedicado buena parte de su vida.
El caballero de los bares
El establecimiento tiene un área de 280 m2 dividido en tres salones, con capacidad de 50 personas. Cuatro cocineros se encargan de preparar los tradicionales platos en El Cordano que ocupa una vetusta casona de paredes de adobe y deslucidos pisos de granito desgastados por el tiempo. “Lo encantador de este rincón, al lado del Palacio de Gobierno, es que se mantiene tal como fue siempre: las mismas sillas, puertas y hasta la cantidad de comida” comenta Luis Cerna, quién tiene un horario rotativo en el restaurante y es uno de los actuales ocho dueños. Lima antigua era más pequeña, ordenada y culta. Al Cordano venían personajes célebres con sombrero, bastones, debido a que frecuentaban el Centro de Lima. Considerado como Patrimonio Nacional, el bar Cordano es un buen lugar para visitar Y es que, este monumento histórico significa uno de los recintos que no debería faltar en la agenda del viajero donde podrá degustar del famoso bistec apanado con tacu tacu, la deliciosa butifarra de cerdo, el ceviche mixto y lo que le encantan a los europeos, sánguches con pisco sour. Chabuca, Martín Adán y el ‘Che’
Innumerables personajes, entre ellos el actual presidente Alán García, degustaba el tacu tacu con bistec apanado. El poeta Martín Adán pasaba a tomar cerveza negra y a comer ceviche antes de escribir sus sentidos versos en las servilletas. No solamente políticos, también artistas e intelectuales hallaron en ese rincón, un lugar de reflexión. Víctor Humareda se declaró fanático del sancochado y Chabuca Granda cenó en incontables oportunidades. Este es un lugar donde las leyendas abundan como aquella que ubica al ‘Che’ Guevara sentado en una mesa descansando de sus esfuerzos revolucionarios. El ex alcalde de Lima, Alberto Andrade los ayudó cuando quisieron desalojarlos Luis Cerna González de 78 años, es el mozo más antiguo del restaurante, y posiblemente de todo Lima gracias a sus 50 años de servicio. La Municipalidad de Lima, tiempo atrás, le dio un diploma de reconocimiento a su experiencia. Sin lugar a dudas El Cordano, en cada uno de sus rincones, ha sido testigo de la historia misma del Perú durante más de un siglo. |